viernes, 28 de enero de 2022

Mereces la pena de cojones

  



    Yo también lo entiendo, pequeña. Que si el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar un terremoto en el otro extremo del mundo, ¿cómo no ibas a tener miedo a volar? Si decidiste perder tu silla por encontrar algo mejor, salir de la zona de confort y dejártela por los tobillos. Si te salió precioso, si estás preciosa. 


    Si ya lo sabemos, que lo de navegar por las lunas de insomnio es más propio de Benedetti que de ti, que de eso, también se sale. Que hay que ser valiente; soltarte si vienen curvas, y disfrutar del baile. Sonreír, aunque no sepamos lo que venga, que ya veremos qué es. Si ya sabemos de buena cuenta que no hay que tener prisa por coger los trenes, que los acabarás cogiendo sin mirar. 


    Ahora que podemos ver las dos caras de la moneda, ahora que conocemos las de cal y las de arena, ahora que ya podemos salir de las trincheras sin necesidad de disparar. Que se fueron las nubes de la mente, esas que tantas otras veces nos emborronaron la vida. 


    En este instante en el que por fin reconoces el reflejo que te devuelven los espejos, quiérete. Quiérete por si vuelven las vacas flacas, la niebla y la opresión en el tórax. Quiérete porque mereces la pena, mereces la pena de cojones.



                                                                  __________________


Derechos Reservados Copyright © 2022

María González Torres. 

Imagen: René Merino (@rene_estamal)

6 comentarios:

  1. Me has emocionado, pero que precioso lo has contado. Mi aplauso.
    Sí riamos, mientras tanto, por si vienen la vacas flacas de nuevo, aunque estemos viviendo esta tragedia de virus.
    Volemos.
    Un abrazo.

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  2. Quiérete... Gran consejo. La mejor forma de de preservarse para todo lo que vendrá...

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  3. Imprescindible querernos por si acaso. Un texto energizante que se agradece. Abrazos

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  4. Es lo primero quererse para poder querer a otr@ sin duda, pero rápido se nos olvida. Un abrazo.

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  5. No se puede decir más claro, ahora es el momento, por fin podemos darnos cuenta de que todo fallaba porque no éramos capaces de querernos a nosotros mismos. Tampoco es de extrañar que fuese tan difícil amarnos, nos dijeron que esa actitud era egoísta o lindezas como "el burro delante para que no se espante" para que pusiésemos siempre al mundo mundial por delante de nosotros mismos.

    Besos.

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