lunes, 23 de marzo de 2015

Pereza.




"Tengo que volver a mi planeta."


Siempre que me doy cinco minutos,
nunca llego.
Ojalá supiera irme sin más.
Pedirte,
por ejemplo,
que me olvides.
Aunque nunca del todo.
O que te quedes,
y sueñes tú conmigo.
Ya ves,
lo bonito de las dudas me lo han contado tus labios.
Todo eso de las personas adecuadas
en momentos inoportunos
(o quizás era al revés),
eso de:
¿habremos aprendido a volar queriendo ser aire?
¿Nos habremos buscado donde las calles no tienen nombre?
O ¿dónde nos habremos dejado la humildad emocional?
Expectativas, esas grandes hijas de puta.
La voz desgastada de quien quiso gritar
y no tuvo palabras.
Que soy experta en eso de castillos en el aire
o vender la leche antes de comprar la vaca.
Pero te gustaba así,
marciana.
Me besabas mientras decías que el mundo podía cambiar.
Aunque no querías que cambiara.
Que sabías el donde,
sin saber el cuando.
Mas ahora toca desaprender,
porque ir en contra de uno mismo
es la mayor manera de ponerse barrotes.
Y una vez convertido en jaula,
difícil es
volver a ser casa.
A pesar de todo,
brindo por nosotros,
que nunca lo fuimos.
Pero fue un placer intentarlo.




Escrito por María González Torres. ©

lunes, 19 de enero de 2015

Where is the limit?



Paradojas como que necesito parar a respirar porque estoy tomando demasiado aire. Tener los pies en tu cielo, y hoy que anden rozando el suelo. Las alas aún no me las ha regalado nadie, y os juro que con ellas podría salvar el mundo (al menos el mío). Ando con mirada apática, pero todavía soy las ganas de Jack; todavía me gustas tú, en todos tus formatos; y aunque ya no escribas, todavía eres mi “escribiendo” favorito. A ti, ¿hay algo que te erice la piel? Porque si juegas con fuego pero no acabas envuelto en llamas, no renta. Ahora, me haría torre. Por no haber sabido ser faro.

¿Seguirá girando el mundo en tu ombligo? ¿Seguirá girando mi ombligo en tu mundo? Tus expresiones se las sigo contagiando a otros, venéreas. Yo, que siempre he sido de llegar tarde a ningún sitio, pero llego y bueno, nunca soy el momento. Que para salir corriendo primero tienes que saber a donde quieres llegar. Terminar con un “vale” las despedidas y soltar de golpe todo lo que creía tener, y no tengo. Porque cerrar las puertas siempre resulta más fácil si las dejas medio abiertas.


No sé a cuento de qué, pero estoy creando un caparazón que me viene de puta madre.


Escrito por María González Torres. ©

martes, 9 de diciembre de 2014

Rescatando mi sonrisa.



La parte trasera de un coche oliendo a mar, empañados. Empeñados. Como quien buscando paz encuentra la mejor de las guerras. Y ahí, en plena batalla, proclamé una tregua para acabar tirando a mi propio tejado todas esas piedras que no pensaba arrojar (por todo eso de los pecados...) A pesar de que no te vi venir, no puedo dejar de mirarte. De modo que finalmente llegas a ese límite, que ahora, tiende a infinito, pero contigo. Que me rescatas con sólo una sonrisa. Como si estuviera a salvo, como si estuviese en casa. Que acabas por ser el continente y el contenido. Aunque seamos pura dinamita, pienso quedarme si todo explota por los aires. Porque mentando a Neruda; tú encontraste mi punto débil y mereces la pena, los riesgos y la vida.



Y recuerda: dile a quien dice que no podemos, que ya veremos, corazón.


Escrito por María González Torres. ©