jueves, 19 de enero de 2017

Dime con quién vas...



¿Quién sobrevive a tus huracanes y está al otro lado de la cama? ¿quién te sonríe sin pensar que quizás algún día todo esto se acaba? ¿quién te cambia todos tus ‘quiero’ por todos tus ‘puedo’, o no espera que seas lo que todo el mundo espera? ¿quién deja tu zona de confort por los tobillos y no sientes miedo? ¿quién mató al miedo? ¿quién es analgésico ante la vida, y se mira de reojo desde tus propios ojos? ¿quién es serotonina y piel de gallina? ¿quién es risoterapia o la risa contagiosa a la hora de guardar silencio? ¿quién es la excepción que confirma todas tus reglas y la persona que te hace respirar diferente? ¿quién jura por ti? ¿quién es el tiempo? ¿quién es el mundo?

¿Quién da más?

¿Quién?


Escrito por María González Torres. ©

lunes, 25 de julio de 2016

Sincronia.



Estoy a quince minutos de llegar al sur.
Nunca llego.
El norte hace ya media vida que lo perdí.
Sonrío.
Me pregunto si eres consciente de ese brillo especial
que tienes,
de que los semáforos se ponen en verde
porque pasas,
o de lo guapo que te pones,
cuando te pones.
Uno no es lo que pretende o lo que sueña,
uno es lo que hace,
y sin embargo,
hoy echo de menos mi futuro.
Siempre quise que mis palabras se las llevara el viento
y no me pesaran como me pesan.
Y es que llevo meses levantándome entre sangre coagulada
de un corazón que no me pertenece,
pero late conmigo.
O eso creo.
Con un golpe de Estado en mi torácica,
peleando contra un estado de golpes entre diástoles,
aunque sobrevivimos.
Que el amor tiene que ser algo parecido a ser libre con alguien.
Y a la mierda vuestras jaulas.
Yo me quedo aquí.
Porque quiero.
Para todo.
Contigo.




Escrito por María González Torres.©

miércoles, 30 de marzo de 2016

Háblame de primavera.




Mamá dice que no vuelvas,
aunque cante mi sirena.
Aunque pida auxilio
y que vengas de urgencia.

Y no vuelvas, que el devenir se antoja oscuro. Que te he visto sonreír a ventanas que vinieron detrás de mí. Ya sabes, cuando se cierra la puerta... Pero me dueles aquí, donde ninguno mira. Yo, que no doy un duro por nadie que no se haya mojado los pies por cogerlos. Y a mí, que la vida me pasa y no me pesa desde que no espero nada, que eché raíces donde quise dejar volar flores. Siguen sin engañarme, pues siempre existe otra alternativa y sigo viendo gigantes, donde otros, solo ven molinos. Pero, ya ves, estoy llegando tarde a mi propio funeral, ¿de qué te sorprendes?. Si decidí ser Ícaro para poder quemarme en eso que llamas sol, y te late en el pecho. Si he sentido el fuego tan cerca que ya puedo notar al Fénix y todo eso de las cenizas. 

Resurgir.


Escrito por María González Torres. ©